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Sueño y crecimiento

Los padres primerizos encontrarán en este artículo la razón por la que tienen esas inmensas ojeras durante los primeros meses de vida del bebé, daremos algunos consejos para conseguir mejorar la calidad del sueño desde el nacimiento del bebé pasando por sus fases de desarrollo hasta el comienzo de la pubertad para que toda la familia descanse adecuadamente. Cuando nacemos tardamos un tiempo en poder estabilizar el ciclo del sueño, dicho ciclo viene regulado por la luz del sol. No obstante, hasta después del mes y medio de vida los bebés no empiezan a regular su horario en base a estos parámetros, lo que origina el ciclo irregular del sueño tan característico en los bebés, alterando durante el primer mes la rutina de sueño de los padres.

Recién nacidos.

Durante el primer periodo los niños se rigen por sus necesidades básicas lógicamente, la necesidad de alimentarse cada 3 horas, estar cambiados y secos para evitar irritaciones molestas y sentir el calor de la madre es primordial. Aun así, a pesar de que sea de manera irregular, los recién nacidos pueden dormir una media de más de 11 horas prácticamente. Por supuesto no existe una fórmula mágica para evitarlo, esto es algo inevitable. No obstante, podemos preparar al pequeño para el futuro identificando sus gestos para saber cuándo tiene sueño, de esta manera podremos acostarlo antes de que esté dormido por completo para ayudarle a establecer sin esfuerzo pautas que le ayuden a crear una rutina. La posición correcta en la cuna ha de ser boca arriba y colocando al bebé en el colchón que evite que quede tapado por completo por la manta o las sábanas.

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De los 6 meses al primer año.

Al llegar a los seis meses, las noches se van haciendo más tranquilas para los padres. El niño deja las tomas nocturnas y puede comenzar a dormir periodos más largos durante la noche alternando con pequeñas siestas durante el día, que poco a poco irán disminuyendo hasta alcanzar el año de edad. Es clave durante este periodo empezar a educar al niño a irse a dormir a las mismas horas, hacer de este momento algo divertido para ellos. Se puede por ejemplo leer un cuento o hacerles compañía durante un rato, pero sobre todo no usar el irse a la cama como una forma de castigo. Dependiendo del niño y también de lo bien que lo hagamos en el punto anterior, la dependencia de los papás será mayor o menor.

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Entre 1 y 2 años.

A medida que los niños van creciendo se reducen las siestas. Es importante que sea así para que el sueño durante la noche sea más profundo y placentero, las siestas largas o avanzada la tarde pueden afectar a la noche, el periodo más importante para su desarrollo. También es posible que durante este periodo comiencen a aparecer las pesadillas por lo que deberemos tener paciencia extra y es muy probable que visiten la habitación de los padres con nocturnidad. Debemos intentar que vuelvan a su cama, es mejor acompañarles hasta que vuelvan a dormir que darles permiso para dormir entre los papás. Un buen ambiente que favorezca el sueño es importante, si es necesario colocaremos luces muy leves que le ayuden a orientarse.

Empieza el cole.

Es muy probable que las pesadillas persistan desde los 3 a los 5 años con más o menos asiduidad. No obstante, tendremos la ventaja de que las rutinas y horarios del colegio harán mucho más fácil alcanzar el sueño a la hora de irse a la cama. No es recomendable que vean la tele hasta justo antes de irse a dormir por la excitación que les pueda causar.

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De los 6 a los 13 años.

Durante este periodo se dan numerosos cambios en la vida del niño. Se empiezan a hacer mayores y aumenta su vida social con otros niños, fiestas de cumpleaños, posiblemente empiecen a participar en alguna actividad extraescolar etc. La rutina del sueño puede verse afectada ante todo por el interés en videojuegos, televisión y demás productos tecnológicos, algo que cada vez ocurre a edades más tempranas. En sí mismos estos productos no representan ningún peligro para el descanso, si se hace un buen uso de la tecnología puede ser un buen aliado para el desarrollo y el aprendizaje, pero en ningún momento debemos dejar que se convierta en un instrumento de evasión que lleve al niño a un uso dependiente y prolongado.

7 mitos a cerca del sueño de los bebés

Seguramente alguna vez se llega uno a desesperar encontrando una forma de que su bebé duerma unas horas seguidas. Hay multitud de consejos que circulan con las soluciones para hacer que los bebés duerman, pero cuidado, no todos estos consejos se basan en las recomendaciones que los expertos dan. Muchas de ellas incluso están basadas en creencias ya obsoletas. Seguidamente vamos a citar algunos de los mitos que se escuchan con mayor frecuencia.

Los bebés no necesitan un horario para dormir

Hasta los recién nacidos necesitan un horario regular para dormir, es más, una rutina que cree los hábitos para dormir les beneficia todavía más.

Los bebes duermen toda la noche de un tirón

De la misma manera que los adultos, los bebés pueden despertarse varias veces durante la noche. La diferencia está en que los adultos saben como volver a dormirse, sin embargo muchos bebés no son capaces de calmarse y volver a dormirse por sí solos hasta los dos o tres mese, en ocasiones incluso hasta los seis.

Si le das alimentos sólidos pronto al bebé  dormirá toda la noche

De manera totalmente errónea existe la creencia de que suministrarle al bebé alimentos sólidos con anterioridad a los cuatro o 6 meses le mantendrá lleno durante más tiempo y dormirá de un tirón toda la noche. Esta práctica no es nada aconsejable puesto que los bebes a estas edades no tienen todavía las funciones digestivas suficientes como para poder ingerir y posteriormente digerir este tipo de alimentos. Además esta práctica podría provocar la aparición de alergias en los pequeños.

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Dejar que el bebé duerma en una hamaca o en un columpio

Un rato de columpio o de hamaca pueden tranquilizar en un momento dado al bebé y ayudarle a dormirse, pero no conviene que se acostumbre a dormir en ella. Con esto solo se consigue que el bebé mantenga un sueño ligero durante mucho tiempo y no un 50% del tiempo de sueño profundo que necesitan.

No dormir la siesta provoca un mayor sueño por la noche

Esta creencia es totalmente falsa. Los bebés que no duermen la siesta se encuentran mucho más cansados cuando llega la noche. Un bebé agotado encuentra muchas más dificultades para conciliar el sueño, que al final hace que duerman peor y que a la mañana siguiente se despierten más temprano.

Los bebes que son capaces de salir de la cuna pueden ya dormir en una cama

No tiene por que suceder esto. Hacer el cambio de la cuna a la cama antes de tiempo no va a solucionar los problemas de sueño.

Algunos niños nunca consiguen dormir bien

Todos los niños pueden aprender a dormir bien. Existe la posibilidad de que un niño que no haya aprendido adquirido un buen hábito de sueño de pequeño puede encontrar más dificultades para dormir bien, pero todos los niños pueden aprender a dormir bien por sí mismos.

En Ecus Kids cuidamos del sueño de tu bebé, crecemos con el. Nuestros colchones están especialmente diseñados para adaptarse a las necesidades del sueño del pequeño en cada una de las etapas de su crecimiento.   Ir a los colchones que crecen con tu bebé

También hemos elaborado la “Guia del Sueño” que te será muy útil para conocer las necesidades de sueño de tu pequeño en cada etapa.

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Alteraciones del sueño del niño

Es durante los primeros quince años de vida la época en la que se producen los cambios más significativos en la estructura del sueño.

Características del sueño infantil.

Antes de nada, para entender mejor cómo evoluciona el sueño a lo largo de la infancia debemos conocer lo que es el acoplamiento. El acoplamiento podríamos definirlo como  el resultado de la evolución de una persona con el sistema de cuidados del niño, de manera que se crea una dependencia entre el cuidador o la madre con el niño. Más que en un sentido didáctico o de aprendizaje se refiere a una necesidad biológica de contacto con los adultos, de protección ante los peligros más que una necesidad de ser alimentado. Es un instinto fruto de la selección natural.

Este acoplamiento al que nos referimos se puede dividir cronológicamente en 4 fases diferenciadas. Las tres primeras se dan durante la infancia:

  • Una fase primera. Abarca desde el nacimiento hasta los 2 o 3 primeros meses de vida. Es un periodo en el que el niño tiene una respuesta social indiscriminada, es decir, que responde a todos los estímulos, no a un individuo en particular.
  • Fase segunda. Va desde los 2 o 3 primeros meses hasta los 7 meses. Es en este momento cuando el niño ya manifiesta una predilección por una persona en concreto o por un grupo de personas.
  • Fase tercera. Ocupa desde los 7 meses hasta los 3 años. Es en esta fase cuando el niño comienza a mostrar un acercamiento activo o una búsqueda. Podemos hablar entonces de que el niño está “acoplado”.

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Dependiendo de este acoplamiento y de la madurez del niño, podemos diferenciar unas características en el sueño.

Fase del nacimiento hasta el primer año.

En esta fase el sueño de los niños es muy baja y los periodos de vigilia se incrementan, dándose fundamentalmente por las tardes.

La duración media del ciclo del sueño de un recién nacido hasta los 6 meses es de unos 30 o 40 minutos, dándose con mucha normalidad frecuentes despertares durante los 2 primeros meses.

Hasta los 3 meses por las noches suelen encontrar el adormecimiento con facilidad. Es a partir de los 3 meses cuando se empieza a complicar, quizás originado por el deseo de relación con el entorno y ante los estímulos. A partir de los 3 meses de edad casi se produce una distribución estable de las franjas de vigilia y sueño, de tal manera q los patrones durante el día están bien marcados hacia las 12 o 16 semanas.

Un recién nacido suele presentar periodos de sueño de unas 16 o 17 horas al día. Estás horas totales de sueño tienden a disminuir de una forma progresiva hasta 14 o 15 horas al día a los 4 meses y a 13 o 14 horas al día en los 6 u 8 meses.

Fase de los 2 a los 5 años de edad.

Con esta edad, los cambios que se producen no ofrecen tanto contraste como en el primer año de vida. Empiezan a consolidar un periodo de sueño nocturno de unas 10 horas de duración. Entre los 2-3 primeros años se producen siestas cortas durante el día y ya es a partir de los 3 o 5 años cuando se consolida un único periodo de sueño y por la noche.

A los 2 o 3 años los ciclos de sueño suelen ser de 60 minutos, mientras que en los 4 o 5 años esos ciclos aumentan hasta los 90 minutos típicos de los adultos.

Un dato curioso es que en los primeros 6 meses los tiempos de sueño siguen a las tomas de alimentos, por lo que podemos decir que el ciclo de las tomas actúa como un regulador del sueño en los niños.

En esta edad, los niños tienen hasta 7 ciclos de sueño, con una transición tranquila entre ellos y una media de aproximadamente 4 cambios de posición por hora, no como en el caso de los adultos, que se mueven de manera brusca entre uno y otro.

Fase de los 5 a los 10 años.

Los patrones del sueño en esta etapa resultan bastante estables y se parecen mucho a los de los adultos.
Unicamente superan en 2 horas y media el tiempo total de sueño diario de un adulto. En el caso de frecuentes siestas durante el día debemos estar alerta, puesto que pueden ser signo de algún proceso patológico.

El tiempo medio de latencia de sueño está en los 15 minutos, por lo que se deduce que están en un estado de alerta mayor. Un 27% de los pequeños hasta los 10 años son roncadores.

En resumidas cuentas, a medida que va avanzando la edad del pequeño durante la infancia, las horas diarias de sueño van disminuyendo y se van concentrando en un único periodo nocturno.

Fuente: Dr. Gonzalo Pin Arboledas. Unidad Valenciana del Sueño. Clínica Quirón Valencia. España.