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La transición de los colchones de cuna a la cama

En la transición de los colchones de cuna a la cama no existen verdades absolutas, la clave está en adaptar este proceso de cambio para el bebé en base a sus necesidades y desarrollo para suavizar el cierre de una nueva etapa en su vida.

¿Cuándo es el mejor momento para pasar de los colchones de cuna a la cama?

La edad en la que normalmente es recomendable cambiar de la cuna a la cama es simplemente una guía. Realmente depende de las etapas del desarrollo, y en este caso no todos los niños son iguales. No obstante, la edad aproximada aconsejable para el cambio se sitúa entre los 2 y 3’5 años. Intentaremos en todo caso que no sea un cambio brusco, por lo que haremos todo lo que está a nuestro alcance para llevar a cabo una transición suave reduciendo el impacto del cambio en la medida de lo posible. Como por ejemplo usar un colchón de similares características a los colchones de cuna.

Indicadores del cambio

Existen varios indicadores que plantean la necesidad de afrontar el cambio. Observaremos en su comportamiento una mayor actividad, incluso es posible que empiece a ponerse de pie en la cuna intentando trepar para salir de ella, es entonces cuando la cuna deja de ser un lugar seguro donde dormir para el “ya no tan pequeño”. En otros casos, simplemente el tamaño del niño en contraste con las dimensiones de los colchones de cuna ya es suficiente indicador para que nos planteemos el cambio como una necesidad. De la misma forma que puede ser un proceso muy costoso para algunos niños, se trata para otros de un cambio excitante porque realmente quieren “hacerse mayores”, esta sería una gran baza a usar a nuestro favor para allanar el terreno.

Razones para cambiar de la cuna a la cama.

El cambio de los colchones de cuna a la cama normalmente va acompañado de otros cambios en la vida del niño. Cuando el niño está dispuesto a cambiar a una “cama de mayores”, puede que al mismo tiempo se esté preparando psicológicamente para ir al cole, o empieza a ir al baño solo. En el caso de que empiece a ir al baño solo, el cambio de la cuna a la cama puede facilitar las cosas, ya que una vez se acostumbre, encontrará menos obstáculos para ir al aseo sin ayuda. Hemos de animarle a asumir todos estos cambios con naturalidad, no obstante, si vemos que siente demasiada presión por hacerse mayor, deberíamos considerar retrasar los acontecimientos que estén a nuestro alcance.

La llegada de un nuevo miembro a la familia

En el caso de que un hermanito/a esté en camino y necesitemos la cuna, debemos actuar con la máxima delicadeza. Es muy probable que si se plantea de esta manera el niño se sienta desplazado y comiencen a surgir celos del bebé. Por ello conviene llevar a cabo la transición unos dos meses antes de la llegada del recién nacido o después, alentando su responsabilidad como hermano mayor. Hemos de tener en cuenta que normalmente el cambio de la cuna a la cama es un proceso más costoso para el primogénito.

Colchones de etapas: Lo mejor de los colchones de cuna y juveniles en uno.

La elección de la cama y el colchón también es clave a la hora de hacer el cambio de la cuna a la cama. Existen colchones de niño especializados que se adaptan a las distintas etapas del crecimiento del bebé. Dubi por ejemplo, ayuda a minimizar el cambio al compartir las características de los colchones de cuna en una de sus caras. Lecho cuna por un lado y características más juveniles en la otra cara, aportando más firmeza para facilitar su crecimiento a partir de los 4 años. El lecho cuna se recomienda entre los 2 y los 4 años, tiene un diseño funcional que mantiene al niño en el centro del colchón gracias a las barreras laterales integradas en el núcleo del colchón. Aportando también una gran suavidad para compartir características con su anterior colchón de cuna. Integrar su nuevo colchón en una cama de poca altura le ayudará también en su adaptación.

colchones de cuna

Reconocer sus méritos y ser partícipe.

Lleva al pequeño a la tienda cuando vayas a elegir su cama. Hacerle sentir partícipe de este proceso y tener en cuenta sus gustos hace que se despierte cierta excitación por el cambio. Deja que aporte sus puntos de vista y elija las sábanas con sus personajes de dibujos favoritos, o el color que le guste, hacerle sentir protagonista de su nuevo rol como “niño mayor”. Independientemente de lo costosa que sea la transición, debemos establecer refuerzos positivos y reconocer el mérito de los logros que vaya consiguiendo. Hacer ciertas concesiones como por ejemplo utilizar al principio la misma manta que en la cuna o mantener algunos elementos de la anterior etapa para suavizar el cambio puede ser de gran ayuda.

Dale tiempo

Si durante el cambio de la cuna a la cama vemos que no se adapta, es conveniente permitirle elegir entre su cuna y su nueva cama por un tiempo. El desarrollo cognitivo también juega un papel importante y es posible que no se sienta seguro al realizar el cambio por la ausencia de barreras. Otra opción es utilizar la cama en un principio para dormir la siesta hasta antes de afrontar el reto que supone dejar la cuna durante una noche entera.