Menu

En el anterior artículo dejamos a un bebé de tres meses durmiendo plácidamente en un colchón adaptado y adecuado a sus necesidades sabiendo que sus ciclos de sueño son irregulares y con dos fases, activo (REM) y sueño tranquilo. También sabemos que el bebé, que durante el primer trimestre entraba directamente a dormir en fase de sueño activo, a partir del tercer mes, va a entrar en fase de sueño no REM. Además, cuando el bebé entra en fase más profunda de sueño tranquilo puede ampliar su permanencia en esta fase hasta una hora u hora y media… ¡todo un logro! Pero cuando hablamos de bebés y niños no existen logros sin “peros” y todavía estamos  en un periodo de cambios con las consiguientes variaciones connaturales al crecimiento y la maduración de nuestros bebés.

maduracion del sueño y caras de bebe

La Maduracion del sueño

Efectivamente conforme va creciendo un bebé va madurando a todos los niveles, cerebral, psicológica, afectiva y socialmente, pero le queda mucho por hacer. Aprender el mundo y del mundo es una tarea que requiere mucho esfuerzo por parte del bebé; y mucho amor, ternura y paciencia por parte de los padres, para poder acompañarle en ese continuo descubrimiento y aprendizaje.

Esto también ocurre con el sueño, tiene que seguir madurando. El bebé tiene que ir adquiriendo un ritmo circadiano, es decir, tiene que comenzar a distinguir entre el día y la noche.

Llevamos así ya más de dos meses. Recibiendo visitas nocturnas. Por lo general entre las dos y las tres de la mañana, a esa hora en la que estás dormido profundamente  y no sabes ni cómo te llamas, y menos aún qué vínculo te une, si es que te une alguno, con esa criatura de menos de un metro de altura que te está despertando.

Es ya una práctica habitual. La niña (dosañosymedio) se levanta y sin decir ni pío ni mú, ni ninguna otra onomatopeya animal, viene sigilosamente, en medio de la total oscuridad, hasta nuestra cama y me da golpecitos en el brazo, con suavidad, eso sí, hasta que me despierto, momento que aprovecha para encaramarse y meterse en nuestra cama. Y os diré que esta excursión –realizada con nocturnidad, premeditación y alevosía- tiene mérito añadido, porque al acostarla la dejamos bien sujeta a la cama con una de esas sábanas fantasmas que se cierran con cremallera y les dejan solo fuera los brazos y la cabeza, y que deberían mantenerla inmovilizada toda  la noche.

Mi marido es sonámbulo. No sólo habla en sueños sino que, muy de vez en cuando, se pega algún que otro paseo nocturno, me coge de las piernas porque se piensa que el niño se cae de la cama o me da la charla del siglo sobre las cosas más insospechadas. Al principio (cuando éramos novios) me daba un poco de miedo, por si se iba de casa, por si se caía o se hacía daño… ahora ya paso un poco del tema, le dejo a su ritmo, lo único malo es que él no soporta no tener espectadores y me despierta “aposta”. Si quiere hablar me menea hasta que me despierto y empieza con su parloteo, si se sienta en la cama me coge de las piernas… ¡Imaginaos el susto! Tú tan dormida y de pronto sientes que alguien te coge o te zarandea. Bueno pues mi niño creo que va por el mismo camino…

Hay noches que charla sobre lo que ha hecho ese día, sobre todo si ha estado con sus primos o ha tenido un día especial o muy intenso. Alguna que otra vez ya le hemos pillado incorporado en la cama, sentado y completamente dormido. En situaciones así le hablamos con mucha calma, con suavidad y le ayudamos a tumbarse otra vez. Si lo que tiene son conversaciones le dejamos con su tema él solito, es curioso oírle hablar y razonar como si estuviera hablando con alguien.


… ¡pero el mío ya no!

En octubre del año pasado descubrí que los bebés también podían roncar. De estas cosas que yo tenía asociadas con los adultos, especialmente varones de una cierta edad, y me llevé la sorpresa de que mi hijo de apenas un año comenzaba a roncar a todo trapo, compitiendo con su padre en volumen y sonoridad hasta el punto de que a veces me entraba la risa a las tantas de la madrugada (por no llorar de desesperación, supongo, porque el coro de ronquidos resonaba en toda la casa y no había dónde dormir en silencio).


Coincidió que por aquel entonces estuvo muy malito y con muchos mocos. En principio no le di gran importancia pero fueron pasando las semanas y los ronquidos no cesaban por lo que a finales de noviembre terminamos acudiendo a un otorrino. Sus palabras fueron que aunque tenía los adenoides algo inflamados, que era algo normal en invierno y más si había mocos de por medio y que aún era pequeño, por lo que podía seguir roncando tranquilamente mientras le observáramos de vez en cuando.


Hay una frase que se está haciendo famosa es “los escolares están en el colegio por la mañana, mientras sus cerebros siguen descansando en la almohada de sus casas por falta de horas de sueño”. Durante el sueño se reponen energías, se genera gran cantidad de hormonas indispensables para el organismo y se revitalizan los procesos relacionados con la inteligencia y la memoria, de manera que quitarle horas puede afectar a cualquiera, sobre todo a los niños.

Dos estudios recientes han comprobado que los niños, incluso los más pequeños, duermen menos tiempo del necesario para mantener un buen desarrollo psíquico y físico. Los niños cansados tienen bajas calificaciones, están torpes en los juegos y en los deportes y, también,  tienen más problemas emocionales que los que duermen bien. Por tanto, dormir poco o tener sueño interrumpido, por cualquier causa, afecta las capacidades de aprendizaje, concentración y memoria, el carácter se vuelve irritable, y el sistema inmunológico se debilita, lo que puede propiciar que el afectado sea más vulnerable a padecer infecciones.

Se suele emplear la expresión dormir como un bebé como sinónimo de dormir profundo, dulcemente, en definitiva, lo que los adultos calificaríamos como dormir bien. Pero, ¿responde esto a la realidad? Este es el tema que quería tratar  dentro de la campaña de Ecus Kids y su Club de los Pequeños Soñadores.

Bebe durmiendo

Bebe durmiendo

Habiendo cumplido mi hijo ya dos años, he tenido muchas noches para comprobar en mis propias carnes cómo duermen los bebés:

Sigue teniendo muchos pequeños despertares durante la noche. Cuando duerme más profundo no se despierta más de cuatro o cinco veces pero las noches regulares… esas noches se despierta cada hora u hora y media, si pasa diez horas en la cama, no hay más que echar cuentas.

Con el paso de los meses y el lógico madurar de sus ciclos de sueño esos despertares no son un obstáculo para seguir durmiendo. Ahora se incorpora, mira alrededor, ve que todo está correcto, bebe un poco de agua, se espatarra convenientemente y, ale, a seguir durmiendo. Sin embargo, hasta hace bien poco cada pequeño despertar suponía que le costara un ratito volver a dormirse y eso, con frecuencia, ocasionaba episodios de llanto.

¿Qué podemos pensar que es un peluche?

Un peluche, además de ser un juguete, es también un compañero de cama, una mascota, un amigo para nuestros hijos… Ellos necesitan mucho contacto físico no sólo con nosotros sino también con sus objetos, esos que nosotros les proporcionamos desde pequeños y con los que cogen confianza día tras día.

Siempre nos hemos preguntado… ¿por qué nuestro hijo o hija no puede dormirse sin sentir que rodea con sus brazos el muñeco de todas las noches? ¿Por qué no cambia de muñeco?

Los bebés menores de 6 meses suelen aceptar bien a las personas que los cuidan mientras satisfagan sus necesidades. En muchas ocasiones, al separarse, sufren más los padres que el propio bebé. Entre los 4 y 7 meses, los bebés empiezan a tener el llamado sentido de permanencia de los objetos, es decir, que aprenden a que las cosas y las personas siguen existiendo aunque ellos no las vean. Pero la mayoría todavía no entienden el concepto de tiempo, y por ello no saben si volverán ni cuándo volverán. Lo mismo ocurre con los padres. Los bebés se dan cuenta de que sólo existe su papá y su mamá, y si no pueden verlos lo interpretan como que se han ido de su lado.

Entre los 8 meses y 1 año de edad, los niños se vuelven cada vez más independientes, sin embargo, también aumenta en ellos la incertidumbre respecto a separarse de sus padres. En este momento es cuando se desarrolla la ansiedad de separación, y un niño puede ponerse nervioso y alterarse cuando uno de sus padres intenta irse.

El bebé de los vecinos tiene ya 9-10 meses. Con estas paredes de papel de fumar es fácil enterarse de sus andanzas, igual que ellos saben, me temo, hasta la fecha exacta del cumpleaños del mío. Hace algo más de un mes, quizá dos, empezó a llorar de forma mucho más frecuente e intensa, muy especialmente durante la hora de la siesta y por la noche. Para mí el diagnóstico estaba claro, es casi casi de libro: maduración de los ciclos de sueño, angustia de separación…

Una tarde nos los encontramos en el portal y salieron los llantos como tema de conversación mientras subíamos en el ascensor. Para nuestra sorpresa, la mamá decía que no entendía por qué, de pronto, se despertaba con más frecuencia y lloraba tan desconsoladamente, no tenía ni idea de a qué podría deberse. Quizá hubiera sido más prudente permanecer en silencio pero no pude evitar explicarle, en los poquitos segundos que me dió tiempo, lo que yo sé y he experimentado del tema: que los recién nacidos sólo tienen dos fases de sueño y que en esa edad maduran y comienzan a tener ciclos nuevos, lo que propicia los despertares.

Acabo de cumplir diez años de casada con el padre de las criaturas. Diez años, que se dice pronto, y, vistas las cifras de divorcios, su mérito tiene. Y más mérito aún si os cuento  que de estos diez años, los cinco últimos los hemos pasado sin dormir una noche de un tirón. Cinco años. 1825 noches. 1825, que se dice también pronto.

La explicación es muy sencilla: por alguna extraña razón o defecto congénito, mis cachorros tardan dos años y medio en aprender a dormir toda la noche de un tirón. Cuando nació la tercera, coincidencias de la vida, el mediano acababa justo de cumplir dos años y medio, así que sin tiempo ni para recuperarnos –casi mejor, porque así no perdimos la costumbre-  enlazamos sus noches en vela con las de la recién llegada, que a día de hoy, con sus dos años y medio ya bien cumplidos, sigue sin dormir una sola entera.