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La ansiedad de separación, muy frecuente a la hora de ir a dormir

04 octubre 2011,   By ,   0 Comments

Los bebés menores de 6 meses suelen aceptar bien a las personas que los cuidan mientras satisfagan sus necesidades. En muchas ocasiones, al separarse, sufren más los padres que el propio bebé. Entre los 4 y 7 meses, los bebés empiezan a tener el llamado sentido de permanencia de los objetos, es decir, que aprenden a que las cosas y las personas siguen existiendo aunque ellos no las vean. Pero la mayoría todavía no entienden el concepto de tiempo, y por ello no saben si volverán ni cuándo volverán. Lo mismo ocurre con los padres. Los bebés se dan cuenta de que sólo existe su papá y su mamá, y si no pueden verlos lo interpretan como que se han ido de su lado.

Entre los 8 meses y 1 año de edad, los niños se vuelven cada vez más independientes, sin embargo, también aumenta en ellos la incertidumbre respecto a separarse de sus padres. En este momento es cuando se desarrolla la ansiedad de separación, y un niño puede ponerse nervioso y alterarse cuando uno de sus padres intenta irse.

La edad en la que aparece la ansiedad por separación puede variar de un niño a otro. Algunos niños pueden experimentarla más tarde y otros ni siquiera llegan a tenerla. La duración de la ansiedad de separación es variable, dependiendo del temperamento del niño y de cómo respondan los padres. En algunos casos puede durar hasta la escuela y si impide que el niño realice las actividades normales de su edad, puede ser una señal de que necesite un apoyo psicológico.

¿Cuál es uno de los momentos de la vida diaria en que se produce una separación  más prolongada? Pues, por la noche. El niño/a no acepta que sus padres lo dejen solo en la cuna y, si la separación no se hace con prudencia, lo pueden pasar muy mal y las noches se convierten en un llanto continuo. El miedo del bebé a estar separado de los padres es real, así que es muy importante hacer el máximo posible para pasar ratos juntos en la cuna o en la cama.

Durante el día, se pueden hacer juegos “de magia” divertidos como salir de la habitación y luego volver, en tiempos cada vez más largos,  para que aprenda a estar tranquilo tumbado en un buen colchón haciendo ver que es de noche y está durmiendo en “su” cama. Eso es lo que ocurrirá por la noche, pero sabrá que los papás siempre vuelven, aunque se duerma. Por la noche, antes de dormirse, hay que hacer con él actividades muy tranquilas y, si se despierta, hay que ir a verlo para observar la ausencia de problemas y para tranquilizarlo. Es muy importante que estas visitas sean “breves y muy aburridas” para que aprenda a volver a dormirse sin ayuda. A la larga, y mediante estas sencillas prácticas, dormirá solo.

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