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Evitar la plagiocefalia: Jugar boca abajo.

Ya conocemos la importancia de dormir boca arriba para el pequeño por su seguridad y prevenir el Síndrome de Muerte Súbita del Lactante. Obviamente debemos disponer de un buen colchón de cuna que minimice la presión que se ejerce en el cráneo del bebé, reducirá a su vez el riesgo de sufrir Plagiocefalia. Conoceremos hoy la importancia para los bebés de jugar y pasar algún tiempo boca abajo y cómo esto favorece un mejor desarrollo.

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¿Desde cuando empiezo?

Según la Academia Americana de Pediatría no existe una fecha concreta o unos días específicos para comenzar a poner al bebé a jugar boca abajo. Tan pronto como el recién nacido llega a casa, se habitúa y empieza a ganar movilidad, ya podemos ponerle a jugar boca abajo algún rato de vez en cuando. Recordemos que no todos los niños son iguales, pero hay patrones importantes que debemos respetar para evitar la plagiocefalia.

¿Cada cuánto?

Cuando el bebé alcanza los tres meses de edad, es interesante que el pequeño pase algunos minutos boca abajo unas o dos veces al día. Esta costumbre le reportará beneficios al ejercitar partes tan importantes para el crecimiento como son el cuello, los hombros y la espalda, a la vez que ayudará a prevenir la plagiocefalia. Fortalecer estas zonas es clave para crecer sano.

Todos al suelo

Prepara una superficie blandita, puede ser suficiente con poner algunas mantas en el suelo, incluso preferible por seguridad. No todos los bebés aceptan de buen grado estar boca abajo, pero es sumamente importante para el desarrollo de sus habilidades psicomotrices. Por ello, para acostumbrar al bebé, puedes tumbarte con él boca abajo, tu presencia le parecerá divertida, no perder el contacto visual con la madre es importante cuando se desarrolla una nueva actividad. Tener al bebé en brazos boca abajo para relajarlo puede también ayudarle a permanecer en esa posición.

prevención de la plagiocefalia almohadas

Que se enteren todos

En el caso de que el bebé se quede de vez en cuando con sus abuelos o a cargo de algún familiar, informar de la importancia de mantener la rutina en la que estamos trabajando para acostumbrar al pequeño a jugar boca abajo con el fin de evitar la plagiocefalia. Si no saben que es, es momento de informarles.

Darle entretenimiento

Ya que la meta es potenciar el desarrollo de su fuerza motriz y que aprenda a gatear, es importante poner a su alcance juguetes como pelotas  suaves o juguetes que fomenten también el movimiento. Si el pequeño ve que la pelota se aleja o el típico coche de cuerda sale andando el bebé tenderá a ir tras él.

Todo a su tiempo

Al margen de lo que le cueste acostumbrarse, a medida que van creciendo crecerán sus ganas y disposición a jugar boca abajo. Si se muestra reticente es posible que podamos reconducir la situación motivándole con estímulos (música suave, llamándole, jugando…). Debemos evitar en todo momento ponerle boca abajo con la barriga llena o si tiene sueño, debemos fomentar esta actividad en los momentos en los que el pequeño se encuentra más activo.

Aprender a gatear es importante para el desarrollo, hay casos en los que el niño/a encuentra más diversión al intentar levantarse que arrastrarse por el suelo, especialmente en estos casos debemos poner esfuerzo y atención para incentivar esos pequeños momentos en los que toca jugar boca abajo.

¿Qué es la viscoelástica?

A menudo te habrás preguntado qué es la viscoelástica, pues bien vamos a intentar dar unas pinceladas para aclararte las dudas.

Cuando alguien pregunte si sabes realmente qué es la viscoelástica ya no nos va a poner en un apuro.  La viscoelástica es un material sintético que se creó en la década de los años sesenta, en los programas espaciales de Estados Unidos. Con la viscoelástica se confeccionaban los asientos de los transbordadores espaciales para aliviar la presión sobre los tejidos de los astronautas en los despegues. Ya en la década de los noventa, la viscoelástica se empezó a aplicar a campos domésticos, en concreto al descanso y el bienestar, como por ejemplo en la fabricación de colchones viscoelastica o almohadas viscoelastica.

que es la viscoelástica

Las almohadas viscoelastica contribuyen a mejorar notablemente el descanso, puesto que al adaptarse a la forma del cuello y la cabeza reparten mucho mejor el peso y reducen la presión notablemente. Las almohadas viscoelastica además son indicadas para personas que descansen tanto boca arriba como de lado, haciendo que las cervicales no se vean forzadas y evitando las dolorosas molestias de las malas posturas durante el descanso.

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Por otra parte, los colchones viscoelastica han evolucionado notablemente en las últimas décadas. En el campo del descanso infantil, los colchones viscoelastica ayudan a prevenir el síndrome de la cabeza plana o plagiocefalia, puesto que no someten a la cabeza del bebe a presiones que le puedan ocasionar esas deformaciones posturales acarreadas por los grandes
periodos de tiempo que pasan durmiendo. En cuanto a los adultos, los colchones viscoelastica han supuesto un avance en el bienestar, produciendo una sensación de flotabilidad durante el sueño propia de las características del material, que se adapta perfectamente a cualquier tipo de cuerpo, haciendo que la persona no sufra desequilibrio alguno de presiones sobre su anatomía y permitiendo posiciones naturales del cuerpo.

A esta edad muchos niños hacen diabluras a la hora de acostarse pero los padres, estoicos, las aguantan porque es la continuación de hábitos anteriores. Entre los dos y tres años un niño duerme entre nueve y trece horas diarias y la mayoría de ellos hacen sólo una siesta de dos o tres horas después de comer, pero algunos siguen echándose dos cabezaditas de menor duración. Otros no duermen nada en absoluto durante el día. A menos que esté de mal humor y parezca muy cansado por falta de sueño, no tiene ningún sentido forzarlo a hacer la siesta durante el día.

Curiosamente, los que han adquirido buenos hábitos al acostarse se vuelven tan rutinarios que si se cambia el orden de hacer las cosas, por ejemplo, la hora de dormir, ponerse el pijama, lavar los dientes, leerle un cuento, abrazar su muñeco o peluche favorito, el beso de buenas noches y marcharse apagando la luz, es posible que se queje e, incluso, que le cueste conciliar el sueño.

Hasta los 18 meses de edad la mayoría de los niños suelen ser “dominables” e incluso, fáciles de llevar. A partir de esa edad y hasta los cuatro años muchos de ellos cambian su comportamiento radicalmente: se vuelven negativistas, oposicionistas y desafiantes. El “no y mío” son sus palabras preferidas. A esto lo llamamos los “terribles dos”.

dormir a los dos años - terribles dos

Dormir a los dos años - Terribles dos

Pero, ¿qué pasa con los niños a los 18 meses? Descubren que pueden rechazar y oponerse a lo que se les pide, que tienen el poder de rechazar o hacer lo contrario de lo que pedimos.  Dormir a los dos años – Terribles dos

A partir de los seis meses los niños se vuelven cada vez más independientes, sin embargo, también aumenta en ellos la incertidumbre respecto a separarse de sus padres. A medida que crece, el bebé se da cuenta de que su madre no puede estar siempre a su lado, y que empieza a depender de otras personas. Se pone nervioso cuando uno de sus padres desaparece y llora para intentar que vuelva.

Puede ser un momento difícil, llamado ansiedad de separación, al pasar de la dependencia a la independencia y, para resolver esa tensión existe el llamado objeto transicional que proporciona tranquilidad al bebé con algo que llena el vacío, algo que le recuerda a sus padres y a sus atenciones. Cuando está cansado le ayudará a conciliar el sueño, durante una separación lo tranquiliza, si está enfadado lo consuela y si está en un lugar extraño le ayuda a sentirse como en casa.

La Academia Americana de Pediatría (AAP), revolucionó la forma de dormir de los bebés en 1992 recomendando que éstos debían ser colocados en cualquier posición que no fuera boca abajo para evitar el síndrome de muerte súbita del lactante (SMSL). La medida fue efectiva pero también originó muchas angustias, desconcierto entre los padres y trastornos en el propio bebé como la deformación de su cabeza por la presión al estar en una posición determinada (plagiocefalia).

Ahora, han publicado un nuevo y detallado informe con una serie de recomendaciones, básicamente las mismas, pero insistiendo mucho en crear un ambiente de sueño seguro que pueda reducir el riesgo de SMSL, sofocación, compresión y asfixia.

En el anterior artículo dejamos a un bebé de tres meses durmiendo plácidamente en un colchón adaptado y adecuado a sus necesidades sabiendo que sus ciclos de sueño son irregulares y con dos fases, activo (REM) y sueño tranquilo. También sabemos que el bebé, que durante el primer trimestre entraba directamente a dormir en fase de sueño activo, a partir del tercer mes, va a entrar en fase de sueño no REM. Además, cuando el bebé entra en fase más profunda de sueño tranquilo puede ampliar su permanencia en esta fase hasta una hora u hora y media… ¡todo un logro! Pero cuando hablamos de bebés y niños no existen logros sin “peros” y todavía estamos  en un periodo de cambios con las consiguientes variaciones connaturales al crecimiento y la maduración de nuestros bebés.

maduracion del sueño y caras de bebe

La Maduracion del sueño

Efectivamente conforme va creciendo un bebé va madurando a todos los niveles, cerebral, psicológica, afectiva y socialmente, pero le queda mucho por hacer. Aprender el mundo y del mundo es una tarea que requiere mucho esfuerzo por parte del bebé; y mucho amor, ternura y paciencia por parte de los padres, para poder acompañarle en ese continuo descubrimiento y aprendizaje.

Esto también ocurre con el sueño, tiene que seguir madurando. El bebé tiene que ir adquiriendo un ritmo circadiano, es decir, tiene que comenzar a distinguir entre el día y la noche.


Hay una frase que se está haciendo famosa es “los escolares están en el colegio por la mañana, mientras sus cerebros siguen descansando en la almohada de sus casas por falta de horas de sueño”. Durante el sueño se reponen energías, se genera gran cantidad de hormonas indispensables para el organismo y se revitalizan los procesos relacionados con la inteligencia y la memoria, de manera que quitarle horas puede afectar a cualquiera, sobre todo a los niños.

Dos estudios recientes han comprobado que los niños, incluso los más pequeños, duermen menos tiempo del necesario para mantener un buen desarrollo psíquico y físico. Los niños cansados tienen bajas calificaciones, están torpes en los juegos y en los deportes y, también,  tienen más problemas emocionales que los que duermen bien. Por tanto, dormir poco o tener sueño interrumpido, por cualquier causa, afecta las capacidades de aprendizaje, concentración y memoria, el carácter se vuelve irritable, y el sistema inmunológico se debilita, lo que puede propiciar que el afectado sea más vulnerable a padecer infecciones.

Anteriormente hablamos de la cantidad de horas de sueño que nuestros niños van necesitando según la edad, sin olvidar que no todos los niños duermen lo mismo y de igual forma. Tenemos claro que dormir es una primera necesidad, como comer y respirar y que de igual forma que alimentamos a nuestros bebés con los mejores alimentos y en los mejores ambientes, es necesario que cuidemos su calidad de sueño con un colchón adecuado a sus necesidades.

Nacemos sabiendo dormir porque ya en el bebé antes de nacer, en torno a los 6 meses de gestación, se observa el sueño activo; y el sueño tranquilo a partir de los 7 meses de embarazo. Pero, ¿cómo es el sueño de un bebé recién nacido y hasta aproximadamente los 3 meses?

No cabe duda de que papás y mamás nos pueden responder  a esta cuestión porque, si tienen bebés en estas edades, lo están viviendo o en muchos casos, como bien dicen, “padeciendo”. En frecuentes entrevistas comentan, con cierta nostalgia, que desde que nació el bebé no han podido dormir una noche de “tirón”, establecen turnos para poder “pegar ojo” al menos durante un rato, y al día siguiente a seguir con la cotidianeidad como si hubieran dormido normalmente. Es entonces cuando el bebé pasa la mayor parte del tiempo durmiendo. ¡Qué difícil parece esto! Sin embargo tiene su razón de ser. El sueño se armoniza con las necesidades que el bebé presenta en cada etapa de su crecimiento y tiene unas características bien definidas. Veamos algunas de ellas.

Los bebés menores de 6 meses suelen aceptar bien a las personas que los cuidan mientras satisfagan sus necesidades. En muchas ocasiones, al separarse, sufren más los padres que el propio bebé. Entre los 4 y 7 meses, los bebés empiezan a tener el llamado sentido de permanencia de los objetos, es decir, que aprenden a que las cosas y las personas siguen existiendo aunque ellos no las vean. Pero la mayoría todavía no entienden el concepto de tiempo, y por ello no saben si volverán ni cuándo volverán. Lo mismo ocurre con los padres. Los bebés se dan cuenta de que sólo existe su papá y su mamá, y si no pueden verlos lo interpretan como que se han ido de su lado.

Entre los 8 meses y 1 año de edad, los niños se vuelven cada vez más independientes, sin embargo, también aumenta en ellos la incertidumbre respecto a separarse de sus padres. En este momento es cuando se desarrolla la ansiedad de separación, y un niño puede ponerse nervioso y alterarse cuando uno de sus padres intenta irse.